Día de la Trabajadora Rural

En la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer realizado por la ONU en Beijing en Septiembre de 1995, como resultado de las propuestas de la Federación Internacional de Productores Agrícolas (FIPA), la red de Asociaciones de Mujeres Campesinas Africanas (NARWA) y la Fundación de la Central Mundial de Mujeres (FCMM), se estableció el 15 de Octubre de cada año como el ‘Día de la Trabajadora Rural’, en reconocimiento al rol que juegan las mujeres productoras, campesinas y obreras rurales en la economía y en la sociedad en general.

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Recorriendo el país, en los bravos calores de las provincias del norte, en los rigurosos fríos de la patagonia sur; y fuera de Argentina, en los campos al pie de la cordillera chilena, en las onduladas cuchillas de los montes uruguayo entre Salto y el Departamento de Colonia, en los espacios verdes que dejan entrever los tupidos bosques que hace brotar el calor caribe de México; en tantos lugares, hemos visto, unas veces un abigarrado grupo de mujeres campesinas dobladas sobre el suelo, y otra vez una mujer sola trabajando, que la inmensidad del campo y el lejano horizonte hacía más pequeña.
No he podido dejar de pensar que esas manos que crían hijos y alimentan familias, también están haciendo la patria con el diario trabajo campesino.
¿Qué libro de historia nos dirá su nombre?
¿Será digno el salario a la altura de su esfuerzo?
¿Cuánto vale su cintura doblada todo el día?

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Cierta vez una joven mujer boliviana muy pobre me contó que vivía en una zona rural del interior de su país.
Trabajaba en una finca ubicada a unos quince kilómetros de su casa.
El recorrido lo hacía caminando, todos los días.
Iba y venía por una zona montañosa que no tiene ni caminos ni senderos. Es decir, se transita el lugar de la misma manera que lo hacen los animales.
Luego de haber trabajado diariamente dos o tres meses, el patrón la echó y no le pagó nunca.
Se vino a nuestro país.
Aquí padece el círculo de no conseguir trabajo estable porque no tiene documento argentino, pero no puede iniciar trámite de radicación porque no tiene trabajo.
Toda ‘changa’ que hizo fue ‘en negro’.
La historia que cuento me la refirió un día que salía de haber estado presa por no tener documentos.
La ley tendrá sus razones.
Para mí no es más que una trabajadora rural que quería trabajar honestamente.
Desconozco donde estará hoy.
Ojala el destino le tienda un camino.
Ese que no tenía en su casa natal.

Sirvan estas palabras de modesto saludo a todas las mujeres rurales.

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Les dejo la letra de un tema de Osvaldo Sosa Cordero.



'Feliciana Altamirano'

De los labios descreídos pende la flor del cigarro
del mismo color de rojo que su cara, que sus manos.


Los pies heroicos trajinan con automático paso
aplastando las agujas del algarrobo o el marlo.

Primero fue la carpida y después tras un descanso la cosecha. Ahí esta ella,
ángulo agudo inclinado
sobre los copos motosos bajo los soles del Chaco.

Es correntina y se llama Feliciana Altamirano.
Cruzó el río con la recua de centenares de brazos cosecheros.

Una más entre un montón paisanos.
Y con ella, sus cachorros:
una guaina, dos muchachos,
ocho brazos, una angustia, bajo los soles del Chaco.

Tiene los ojos resecos y el corazón anegado
pero jamás se derrama en maldiciones ni llanto.

Lo rojo del corazón se le quema en el cigarro
que muerde como quien muerde rencores estrangulados.

Idéntico automatismo para cumplir el trabajo,

que para cobrar la changa o tratar a sus muchachos.

La vida le dio tan poco que con nada hace milagros.
Terminada la cosecha se van de vuelta los cuatro.

Poca plata y mucho sol para iluminar el rancho.
De nuevo el hombro en la lucha porque hay que seguir tirando.

Cara al sol o lo que venga, mientras le aguanten los brazos,
que por algo es correntina Feliciana Altamirano.


El tema pertenece al CD ‘AntonioTarrago Ros, La Colección’.
Antonito lo recita muy bien, con fondo musical de ‘Madrecita’ chamamé de don Antonio Tarrago (padre).


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