'La palabra amenazada' II

En el prólogo de este, su libro, Ivonne Bordelois aclara que lo que ha tratado es de bosquejar una estrategia para el rescate de la palabra.
Trabaja sobre dos líneas, una, denunciando las razones por la cual el sistema intenta aniquilar la conciencia lingüística, en un tiempo diseñado para la esclavitud laboral, informática y consumista; la otra, redescubriendo la energía de la palabra.

‘Se habla mucho de violencia en estos días. Hablar contra la violencia parece generar violencia'.
'Profetas que aúllan, pacificadores que abruman, políticos y periodistas que ensordecen, rockeros que deliran: de este estruendo surge en nosotros un vehemente deseo de fuga a un lugar de silencio y de paz’.
‘Cuando se mediatiza el lenguaje, cuando se lo considera sólo una mediación para otra mediación –porque la comunicación se pone al servicio del marketing, el marketing del dinero y así sucesiva e infinitamente- nos olvidamos que el lenguaje es ante todo un placer, una forma, acaso la más elevada, de amor y conocimiento’.

En el capítulo dos nos habla del mito trágico de Orfeo que se encarga de mostrar el abismo entre no-escuchantes y hablantes.
Refiere que en la versión brasileña de Marcel Camus ‘Orfeo Negro’ Eurídice reclama ser escuchada.

‘Las lenguas no sólo se “emplean”, no son sólo valores de comunicación o expresión personal o colectiva: contienen la experiencia de los pueblos y nos la transmiten’.

Más adelante sostiene que ‘la expresión “usar la lengua” reduce la lengua a un instrumento, cuando en realidad la lengua es un proceso que vastamente nos trasciende’.
‘Las palabras nos preceden, nos presencian y se prolongarán más allá de nosotros'.
'Somos sus vehículos, no su fuente y mucho menos sus propietarios’.

‘En latín “he hablado” se dice “locutus sum” que significa “he sido hablado” y agrega que Heidegger decía ‘el hombre no habla el lenguaje sino que el lenguaje habla al hombre’.
‘Los mayas aseguraban que la lengua era un sentido comparable a la vista o al oído'.
Concluye, en este sentido, que el lenguaje está antes y después de nosotros. Y se alegra ‘pero también está, felizmente, entre nosotros’.

En el capítulo cuatro, para plantear el conflicto que hay entre lengua y cultura, cuenta que Platón expulsó a los poetas de la ciudad reconociendo la capacidad de subversión que conlleva la poesía.
'La ciudad contemporánea no es ciertamente platónica pero sí patriarcal y autoritaria’.

Afirma que ‘el espacio oficial de la palabra está hoy confinado a “los medios”.
Más adelante señala que ‘la palabra entregada al poder no es lenguaje sino pura consigna, mandato, explotación; ajena a la preciosa libertad que es el destino profundo de la verdadera palabra humana’.
Infiriendo que ‘existe entonces una tensión en las relaciones entre cultura y lenguaje’.

Discurre sobre la riqueza inagotable que es el lenguaje.
Se apoya en Lacan ‘El lenguaje nos singulariza como individuos’.
Pasa por el concepto ‘la identidad es una construcción interminable del mismo modo que el lenguaje es una operación interminable’ para luego adentrarse en el tema del capítulo.

‘Contrariamente a los bienes de consumo, el lenguaje jamás se agota, recreándose continuamente; por tanto compite con ventaja con cualquier producto manufacturado'.
'Es un bien absolutamente gratuito ya sea en su apropiación como en su circulación'.
'En otra palabras es un bien totalmente subversivo porque su naturaleza se opone a la de todos los otros bienes de consumo que son agotables, costosos y no compartidos’.

Propone una estrategia ecológica.
Reflexiona que frente a la violencia contra el lenguaje, la estrategia no consiste en la denuncia sistemática o en la censura permanente de esa violencia.
‘Nada más efectivo contra esa violencia que habituarnos a frecuentar las vías no violentas'.
'Es decir, explorar cuáles son las maneras de recuperación del lenguaje que nos lo vuelvan más íntimo y disfrutable’.
En esos accesos que Bordelois considera ecológicos porque protegen el ser del lenguaje ‘se cuenta el refrescante descenso al aljibe etimológico’.
Buscar el origen de las palabras ‘que las rescata en su vía histórica’.

Otra senda que propone es ‘el diálogo de las lenguas’ así como ‘la escucha atenta del lenguaje cotidiano, del habla coloquial’.

‘En el juego etimológico se trata de establecer, o por lo menos hipotetizar, el tipo de razonamiento o metáfora que puede conducir desde el significado primitivo de una raíz, a los significados actuales, contenidos en la familia de las palabras derivadas’.
La autora proclama que cuidar, contemplar, las palabras es poder reconstruirlas desde su antigua infancia. Es un cuidado etimológico.
Revela que “etymon” significa en griego” lo cierto”, porque los griegos consideraban que lo cierto de una palabra es su origen'.
Las verdades no son sino arcaicas metáforas olvidadas, según Nietzsche, apasionado filólogo.

‘Las lenguas orientan, fijan, nuestro horizonte cognoscitivo'.
‘Los yámanas, que carecen del verbo “morir” dicen que los hombres se pierden y los animales se rompen’.

‘No se trata sólo de hablar una o dos lenguas, sino de escucharlas, empezando por la propia’.
Recuerdo que Borges solía decir que interesante es descubrir cada palabra en otro idioma.
Como suena distinto.
Es insuperable Alfonso Reyes, dice Bordelois, que lamenta hablar en español.
Al escritor mexicano le hubiese gustado mucho escuchar su lengua desde la otra orilla.
‘Debe ser incomparable. Lleno de chasquidos y latigazos, terrible carga de caballería de abiertas vocales, por entre un campo erizado de consonantes clavadas como estacas’.

La investigadora se adentra en lo que dicen y callan las diversas lenguas.

En el capítulo nueve Bordelois sube por la otra cuesta de la ladera: escucha el habla popular.
‘A veces, peruanos, bolivianos o paraguayos que trabajan entre nosotros –y que son víctimas frecuentemente de una feroz discriminación- nos hacen ruborizar cuando comparamos su vocabulario, y en muchos casos, sus modales, con los nuestros’.
‘Uno de los méritos de la película de Adrián Caetano “Bolivia” fue poner de relieve la diversidad de estilos entre porteños y gentes de países vecinos entre las cuales la pobreza de ningún modo ha significado condescender a la vulgaridad’.
En el film la muchacha paraguaya, que trabaja en la limpieza del café, advierte al boliviano, con quien está despuntando un romance, que un muchacho asiduo al bar tiene interés en él.
El boliviano por inocente u ocupado no reacciona.
Ella comprende que tiene que explicitar mejor la situación.
‘No dirá que el chico es “gay” porque no figura en su lenguaje, tampoco dirá que es “puto” como diríamos el 90 ciento de los porteños cultos'.
'La muchacha paraguaya observa suavemente “No le gustan las mujeres”.
'No necesitó insultar. No distorsionó la situación porque el chico en cuestión no está buscando prostituirse'.
'Una paraguaya aparentemente sin instrucción, enseña discreción y elegancia’.

Pero no todo está perdido, se esperanza la autora.
‘Si deploramos el nivel del lenguaje de los medios, hay buenas nuevas que están permanentemente emergiendo’.
Especialmente en la gente joven ‘que hoy encuentra que las cosas no sólo son “lindas” sino “hermosas” o “bellísimas”.
'El color “rojo”, prohibido después de la Guerra Civil Española reemplaza al envejecido “colorado”.
‘Las mujeres ya no son “monas” (que tenía connotación grotesca) ahora “están refuertes”.
“Se mandó” y “Te mandaste” son imperativos categóricos.
Admira la brevedad de “fue” o “fuiste” y el despiadado “se pudrió todo”.
‘La admiración se atestigua con un ¡Bárbaro!, ¡Bestial!, ¡Brutal!, ¡Buenísimo! o el poético ¡Joya!.
“Estar de onda” proclama la existencia de un radar invisible que detecta una feliz armonía con los alrededores’.
‘Nos “zarpamos” o nos “sacamos” cuando “nos hacen el verso” o nos “ningunean” o no “cortan el rostro”.

‘Del pueblo vienen y al pueblo van'.

'El lenguaje es, acaso, la única institución democrática que aún nos queda funcionando eficazmente’.

Mas observa que por mucho fervor que nos despierten las gracias del lenguaje coloquial, no podemos ignorar las poderosas estrategias que atentan contra nuestra lengua.
Propone a la escuela como punto inicial para la defensa de la palabra y habla del lenguaje preelectoral, de la televisión, de 'lengua y globalización'.
Bordelois fue maestra, aunque gusta decir que es alumna (palabra que proviene del verbo latín “alere” significa “alimentar”. Lamenta que en nuestro país, el maestro también deba alimentar –dar de comer- a niños hambrientos).
‘Que el honor de ser maestro hoy día sea vilipendiado por el estado y despreciado por la sociedad me parece uno de los mayores infortunios’.
‘Maestro y ministro son términos opuestos'.
‘Maestro’ y ‘Magisterio’ son más. ‘Ministro’ y ‘Ministerio’ son menos'.
'Si se comparan los sueldos de los ministros con los sueldos de los maestros en nuestro país, podemos ver hasta que punto ha llegado la perversión del sistema social y político en nuestros tiempos’.

En el anteúltimo capítulo deposita su fe en la poesía, 'el más alto resplandor del lenguaje'.
‘A veces un Federico, a veces un Pablo, rompen el cerco de tinieblas y la luz se esparce por toda la tribu’.
‘Cuántas Violetas muertas en el camino’.

En el último enfoque del libro Bordelois alienta ‘mientras conservemos esta amistad por las palabras preservaremos un territorio inalienable de libertad, conocimiento y placer’.
‘Gocemos de esta felicidad gratuita e inacabable que es nuestra lengua'.
'Los exiliados saben que riqueza entrañable y profundamente añorable representa la lengua madre’.

‘Puede parecer una utopía inocente profesar la salvación de la palabra, pero es necesario’.

‘La palabra sola no nos puede salvar, pero no nos podemos salvar sin la palabra’.

‘El hombre es la mitad de sí mismo. La otra mitad es su lenguaje’.



‘La palabra amenazada’-Ivonne Bordelois-Libros del Zorzal-Buenos Aires 2005

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