Virginia Wolf

Tenía 13 años cuando falleció, imprevistamente, su madre, Julia Duckworth.
‘Fue el mayor desastre que me pudo ocurrir’.
George, hijo del primer matrimonio de su madre, que quedó a cargo de sus hermanos menores, la violó.
Algunos ven el hecho como antecedente a su inclinación lésbica.
Cuando murió mantenía una relación con la escritora Vita Sackville-West.
Me parece que el infausto debe haber obrado como la punta del ovillo que le demostró la indefensión en que vivían las mujeres de su época.
Se transformó en una luchadora de los derechos civiles de la mujer.
Se la considera progenitora del feminismo moderno.
‘Una habitación propia’ (1929) es una clara crítica por la poca valoración de las libertades femeninas.
Una década atrás en ‘Dos historias’ ya había manifestado su percepción en relación a la mujer en un mundo masculino.

Nació como Adeline Virginia Stephen, el 25 de enero de 1882, en Londres.
Su padre, Sir Leslie Stephen, era un distinguido crítico y fundador del Diccionario Británico de Biografía.
Conocido es que los ingleses son los mejores biográfos.
(En diciembre pasado terminé de leer ‘Gabriel García Márquez, una vida’ del Inglés Gerald Martín, que trabajó dos décadas para la elaboración de un invendible libro de 6.000 páginas que se vio obligado a reducir a 800).
Virginia nunca fue a la escuela.
Era común en la alta sociedad victoriana que los hijos estudiaran en casa.

Cuando fallece su padre, los hermanos se trasladan a Gordon Square en Bloomsburry.
Allí su hermano Thoby convierte la casa en lugar de reunión de librepensadores, que terminó siendo un grupo de selectos intelectuales.
Entre los asistentes se encontraba el escritor Leonard Wolf, con quien Virginia termina casándose.
La unión permitió la creación de la editorial Hoggart, donde publicaron Virginia y jóvenes promesas como Katherine Manfields y T.S. Eliot.

Virginia tuvo una vida muy intensa, tanto política como literaria.
‘Casi todo me atrae. Se alberga en mí un buscador infatigable’.
Se preguntaba por qué no podía encontrar la respuesta a qué es la vida.
Quería echarle las manos encima y exclamar ¿es esto?.

Con ‘La señora Dalloway’ de 1925 se adentra en la idea del tiempo. Es una historia de 12 horas, donde el transcurrir se expresa a través de los cambios interiores de los personajes.
En 1927 escribió su obra maestra ‘Al faro’.
‘Orlando’ es de 1929.
‘Las olas’ la publicó dos años después. Es una obra audaz que cambió el rumbo de la literatura inglesa.

En general su obra hace preguntar si vivimos en una realidad concreta o soñada.
La dimensión aparece como intemporal y el mundo puede ser onírico.

Tenía una salud muy frágil.
Su vida estuvo marcada por crisis nerviosas.
‘La muerte es el enemigo,
La muerte es contra lo que cabalgo con la espada envainada y el pelo flotando al viento’.
Después de varios intentos de suicidio, su esposo la llevó a vivir a Rodemell.
Su estado mental era muy confuso.
El 28 de marzo de 1941 se llenó los bolsillos de piedras y se arrojó al río Ouse, frente Rodemell.
Hoy se sabe que Virginia Wolf padecía trastorno bipolar de la personalidad.

*** *** ***

Cine

Algunos de sus libros fueron adaptados la pantalla grande.
El director Colin Gregg filmó en 1983 ‘Al faro’.
Sally Potter realizó ‘Orlando’ en 1992.
En 1997 Marleen Gorris llevó al cine ‘La señora Dalloway’.
En el 2002 Stephen Daldry estrenó ‘Las horas’, donde mezcló obra y vida de Virginia Wolf.

*** *** ***

En el libro ‘Miradas’ Juan Gelman relata que después del bombardeo de Guernica en 1937, el gobierno británico dio refugio a cuatro mil niños vascos ahuyentados por el avance de las tropas franquistas durante la guerra civil española.
Con los ojos llenos de lágrimas, Virginia vio como ‘una cansada procesión que huía, empujada por las ametralladoras de los campos españoles, para recorrer fatigados Tavistock Square, luego Gordon Square y luego ¿qué?’
En 1940 un bombardeo de la aviación nazi hacía pedazos la casa de Gordon Square en la que ella vivía desde la muerte de su padre. ‘Alcancé a ver un paño de pared de mi estudio todavía en pie, escombro era el resto de donde escribí tantos libros’
Al año siguiente –como dijimos- Virginia se suicidó.
Gelman finaliza diciendo que tal vez los nazis habían destruido algo más que su casa.

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